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Texto de la entrevista a Pablo Amargo

Si bien todo lo que hago parte primero de un dibujo, hay que tener en cuenta que más tarde, cuando salen impresos, esos dibujos estarán acompañados de palabras. Por lo tanto, puede decirse que soy un ilustrador.

Recuerdo que desde chaval tenía mucha curiosidad por todo lo que tuviera que ver con lo gráfico. Claro que entonces no sabía lo que significaba esta palabra, pero las cosas que tenían que ver con el dibujo, con el grabado, carteles, comics… despertaban ya en mi un enorme interés.

Cuando era muy pequeño me tiraba horas y horas mirando comics. Y digo mirando porque nunca leía los bocadillos. Comprendía las historias tan solo fijándome en los dibujos. Creo que ahí despertó en mi el placer de narrar con imágenes.

Mi método consiste en estar horas y horas sobre la mesa de dibujo, probando cosas hasta que sale algo interesante. En estas búsquedas suelo dibujar en papel unos dibujos precisos pero muy pequeños. D este modo no me pierdo en detalles superfluos. Voy probando cosas hasta que sale algo. Tengo docenas y docenas de hojas con estos dibujos tan pequeños, que yo llamo microgramas guardados en carpetas y cuadernos. Continuamente consulto los que he hecho ayer o hace unos meses por si descubro algo que me pueda servir o por desarrollar alguna idea que se haya quedado a medio camino. En esta fase es a la que me dedico a diario. Digamos que el 90% del tiempo de mi trabajo lo dedico a estos pequeños dibujos.

Mi dibujo se basa en la línea. Incluso aquellos que parecen no tener líneas. La línea es neutra y continua, sin adjetivos, sin presiones, lo más limpia y funcional posible. Define formas y espacios. A la manera del Ukiyo-e, no utilizo sombras ni degradados. Intento que todo se pueda reconocer de un solo vistazo.

Me gusta de vez en cuando ejercitar los dedos. Suelo dibujar sobre cuadernos que llevo siempre conmigo. Represento fotos de personas que he seleccionado en el periódico, en revistas, preferiblemente de cuerpo entero. Estos dibujos son bastante realistas. Miro las proporciones, me peleo con el rostro, con las posturas. Son dibujos a línea sin ningún tipo de sombreado. Defino las arrugas de la tela, la forma de los dedos, el movimiento de los hombros con la mayor precisión posible. No tienen nada que ver con el tipo de dibujo que normalmente publico. Me obligo a dibujar todos los días , incluso sin ganas. El dibujo me ha enseñado prácticamente todo lo que sé.

Mi otro tipo de dibujo, el que suelo publicar en mis libros y colaboraciones juega con la memoria, o mejor dicho, con la mala memoria. Dibujo formas, cosas, animales, personas acudiendo a mi recuerdo que siempre es incompleto. Estos dibujos no son realistas. Parecen construcciones incompletas de aquello que conocemos en el mundo real: una casa, un tipo de animal acuático, una figura humana. Son fáciles de reconocer y cumplen una función en la ilustración.

Es cierto que se me asocia con los libros ilustrados. Quizá es porque es donde más trabajos he realizado y muchos de ellos han sido reconocidos profesionalmente con premios y selecciones en Bienales. Los libros ilustrados son la razón por la que me dedico a esta profesión. Aunque esté haciendo un trabajo para un periódico o un cartel, siempre hay un proyecto o dos en la mesa de trabajo que voy realizando lentamente.

Suelo aceptar aquellas colaboraciones que se adaptan a mi manera de hacer. A veces se convierten en un excelente campo de pruebas de cosas que luego voy desarrollando con más intensidad en los libros.

Para aceptar una colaboración intento que cumpla al menos dos condiciones. Una de ellas es tiempo de realización. Como te comentaba soy bastante lento dibujando y las prisas no van con mis imágenes. La segunda condición es innegociable ya que solicito un margen muy amplio de libertad creativa. Entiendo que cuando alguien quiere una imagen mía es porque antes ha visto mi trabajo y sabe lo que se va a encontrar. Nunca he tenido mayores problemas al respecto y han sido muy respetuosos conmigo hasta el momento.

Me considero autor. Autor de mis imágenes y del tipo de ideas que me gusta representar. Para bien o para mal soy el responsable que firma cada uno de mis dibujos. Me interesa que haya una coherencia entre las ilustraciones que voy publicando, que haya una línea conductora que justifique cada nuevo paso. Me cuesta horrores ser coherente en mi trabajo. Muchas veces se me ocurren ideas que creo que podrían funcionar en un trabajo y tengo la tentación de utilizarlas, más aún si hay un compromiso con una fecha de entrega, pero que debo rechazar si veo que no es coherente con la línea creativa que vengo desarrollando. Esto me trae muchos quebraderos de cabeza.

Lo que más valoro en mi trabajo son las ideas visuales. Muchas personas hablan del estilo. Piensan que lo más importante de su trabajo es tener un estilo que luego venderán. Desde un punto de vista comercial, es cierto que esto puede ser así. Sin embargo, en mi caso, creo que el estilo se va definiendo con la evolución de mi persona ,con la madurez que voy alcanzando. Yo creo más importante vender creatividad.

Las imágenes tienen una doble cualidad: una es la expresiva y otra la comunicativa. A mi me interesa la comunicativa, la capacidad que tienen las imágenes para contar cosas, ideas. Cada texto que debo ilustrar me lo tomo como un reto, un acertijo, un problema que tiene una solución oculta. La satisfacción intelectual del espectador al contemplar la imagen dependerá del nivel de agudeza empleado en solucionar ese problema Tiene que ver con aquello que decía Paul Rand al hablar de “La sonrisa en el cerebro”.

La imagen que vaya a publicar deberá relacionarse con un texto. Pero también debería ser capaz de transmitir contenidos por sí sola. Me valgo de un tipo de ironía y de humor gráfico expresado con mucha sencillez. Busco la sorpresa del espectador, ya sea un entendido en imagen o un niño de seis años. Me obligo a que esa idea que se me ha ocurrido no haya sido dibujada antes, ni por mí ni por nadie que conozca. No se debe copiar nunca una idea. A parte de esto intento que la idea sea autoreferencial, es decir, que los dibujos planteen una paradoja que redunde sobre su naturaleza dibujada. Conseguir esto es complicado, el camino está lleno de satisfacciones, pero también de muchos fracasos.

Que se den todos estos factores es una cosa realmente complicada. Si a todo esto le unimos que además debe relacionarse con un texto previamente escrito, es normal que la mayoría de las veces no se me ocurra nada. Es todo un sudoku gráfico.

Un álbum ilustrado es un libro en cuya propuesta literaria la parte visual pesa tanto o más que la parte escrita. Aquí el trabajo del ilustrador es enorme, ya que debe dar forma a todo, desde el formato, hasta el número de páginas que desea que tenga en libro. Mucha gente no sabe que el texto que el texto de este tipo de libros no suma más de un folio y que nosotros vamos cortando y repartiendo a lo largo de cada página con lo que supone esto de configuración de un ritmo, un ritmo de lectura. También buscamos unas tipografías adecuadas, un tono para las imágenes, unas formas… en definitiva, todo lo que no son las palabras.

El trabajo del ilustrador puede conseguir una dimensión que el texto no tenía. Además, muchas veces la narración no es más que una anécdota escrita con algo de gracia. Desde luego en una pirámide de jerarquías, el libro álbum estaría en el punto más alto para todo aquel ilustrador que desee expresarse con libertad.

Al principio de la carrera aceptas todo tipo de retos. Sin embargo, más tarde empiezas a seleccionar los textos que te llegan. Un texto malo, por muy bueno que sea tu trabajo como ilustrador, dará como resultado un mal libro. Creo que no todo debe ilustrarse. Creo que se utiliza la ilustración con fines anti-literarios y que se debe a una utilización decorativa, para hacer bonito un libro, o como reclamo comercial, que llame la atención de un posible comprador antes que su capacidad para generar un pensamiento crítico en el lector.

Huyo de los textos descriptivos. Si el escritor ya lo ha dicho para qué volver a decirlo. Pienso que el ilustrador de ficción no es menos autor que el escritor, pero debe demostrarlo. Por tanto, me gusta ilustrar textos que me permitan un campo de actuación grande, principalmente aquellos que permiten plantearle a los lectores retos intelectuales, aquellos que permiten al lector participar de la experiencia creativa. El lector siempre es más inteligente que los autores y por tanto, no se trata de rivalizar en esto con ellos sino que nuestras propuestas lo sean.

Normalmente estoy en el estudio intentando sacar alguna idea adelante. Cuando esa idea se plasma sobre el papel y más tarde se publica acompañada de un texto, deja de ser un dibujo para convertirse en una ilustración. Mis ilustraciones son mis dibujos hablando con un texto.